lunes, 16 de abril de 2018

1. Sobrevivir al abuso espiritual


En los últimos quince años he escuchado decenas de testimonios de cristianos que han pasado por un verdadero calvario. Es descorazonador conocer incontables casos de creyentes heridos, con traumas severos y con secuelas gravísimas por experiencias eclesiales tremebundas, principalmente en lugares donde primaban falsas doctrinas –lo cual fue la semilla que dio origen a Herejías por doquier (http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2013/08/normal-0-21-false-false-false-es-x-none_21.html), Mentiras que creemos (http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2014/06/mentiras-que-creemos.html) y Adoctrinados en el error[1]-, destacando entre estos errores la llamada “Jerarquía Piramidal” y la creencia de que los pastores son los ungidos de Jehová.
Por estas razones, muchos han acabado en el exilio o lejos de Dios. Todos ellos han padecido el abuso de autoridad por parte de pastores que malinterpretaban –voluntaria o involuntariamente- la jurisdicción que les correspondía, cargando al pueblo de Dios con un sistema legalista insoportable e intolerable.
No es que se hayan perdido; es que los han descarriado. Como explica Jaime Fernández, ambos términos no significan lo mismo: “Descarriado es aquel a quién otra persona sacó del redil. Nos perdemos nosotros solos, pero para descarriarnos, alguien tiene que ayudarnos a hacerlo. Hay creyentes que han sido descarriados por la conducta de otros, por la traición de otras personas”[2].

¿Qué incluye el abuso espiritual de los “pastores”?
El abuso espiritual no es que un pastor disienta de ti en opiniones personales ni que exhorte a un creyente que ha cometido un pecado flagrante. Entonces, ¿en qué consiste el verdadero abuso? Aunque lo ampliaremos en sucesivos capítulos, vamos a resumirlo por el momento en diez aspectos:

1. En la manipulación de las relaciones humanas, acusando de rebeldes y de ser instrumentos de las tinieblas a aquellos creyentes que no les obedecen en todo lo que dicen. Para esto se infunden falsos sentimientos de culpa, se emplea el chantaje emocional, las amenazas de excomunión, las falsas profecías, la revelación de intimidades, etc. Todas estas son características propias de las sectas al usar técnicas de persuasión coercitiva. Algunas de estos aparentes líderes suelen ser emocionalmente inestables, por lo que el trato personal se convierte en un enfermizo juego de malabares, ya que no sabes cuando te vas a encontrar con la cara amable o con la perniciosa.

2. En la ruptura de amistades, relaciones y matrimonios, según ellos consideran oportuno y a su propio parecer. 

3. En el uso irreverente del nombre del Altísimo con expresiones como “yo siento de parte del Señor” para respaldar sus propios pensamientos y juicios que realmente no proceden de Dios, y que sirven para manipular sutilmente a los creyentes.  

4. En el control absoluto sobre los redimidos (que se prestan inconscientemente a este juego), a los que usan para alcanzar sus propios fines, sean materiales, económicos, físicos o vanagloriosos, deseos que ocultan bajo una apariencia de humildad.

5. En la creación de una dependencia psicológica respecto al grupo. O estás con ellos o contra ellos. Esto es parte del llamado “pensamiento colmena”: lo que dicte la “abeja reina” (“el líder”) es lo que tiene que pensar el resto, incluso en cuestiones personales que nada tienen que ver con asuntos bíblicos.

6. En el empleo tergiversado de decenas de textos tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento para justificar sus actos carnales y que disfrazan de falsa espiritualidad.

7. En la creencia de que solo ellos tienen la visión de Dios, siendo el resto los que están equivocados. Mientras se les obedece incondicionalmente todo marcha bien: confianza, apoyo, puestos de responsabilidad, ministerios, piropos personales, etc. Cuando se comienza a disentir, aparecen los problemas: malas caras, críticas veladas, exclusión, etc.

8. En justificar las críticas que reciben como parte del resentimiento que, según ellos, les guardan aquellos que salieron de sus congregaciones. Señalan que los que se marchan han sido contaminados por malas influencias. Esto implica una nula capacidad de autocrítica ya que nunca reconocen sus propios errores.

9. En la doble moral y ética: una para ellos y otra para el resto. Señalan a los demás las faltas, los errores y los pecados que ellos mismos cometen y nunca corrigen. Nunca ven la viga en sí mismos, pero sí la paja en el ojo ajeno, la cual siempre magnifican. Como dice el refrán: “Consejos vendo y para mí no tengo”. Esto les roba toda credibilidad, ya que incluso manipulan la realidad para adaptarla a sus convencimientos cuando les conviene para así autojustificarse. No tienen reparos en mentir o en decir medias verdades –lo que al caso viene a ser lo mismo- para torcer la verdad objetiva.

10. En que el líder principal no rinde cuentas ante nadie, teniendo siempre la última palabra, por lo que es imposible cuestionarle seriamente. El que le critique recibirá como respuesta todo un batallón de versículos para hacerle ver que el juicio de Dios caerá sobre él si no se somete.

Verdad y buenas obras mezcladas con la mentira y el pecado
Reconocemos que pueden hacer buenas obras, poseer ciertos dones (al menos, en apariencia), tener virtudes humanas destacables y talentos naturales llamativos, e incluso aceptar muchas de las doctrinas fundamentales del cristianismo ortodoxo (la Trinidad, la Divinidad de Cristo, la salvación por gracia, etc.). Ahora bien, ante los frutos que hemos citado, hay que dudar seriamente de la conversión genuina de muchas de estas personas. Aunque puede que les prediquen a otros el verdadero evangelio y hablen mucho de Dios, posiblemente nunca han experimentado el “nuevo nacimiento” ni conocen realmente al Señor; simplemente llevan años adheridos a un sistema religioso que tiene poco que ver con el cristianismo bíblico. Son “profesionales” de la religión. Predican de la gracia, pero ésta brilla en la práctica por su ausencia. Por eso manifiestan con asiduidad muchas de las obras de la carne: enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidia” (Gá. 5:20-21).
Si tales estructuras se sostienen y siguen adelante es debido al bajo nivel teológico de la mayoría de los miembros de estas congregaciones; consecuencia directa de las deficientes enseñanzas que reciben. Este es el motivo por el cual muchos hermanos de buena fe son incapaces de distinguir entre la verdad bíblica y la mentira humana que se les está predicando. 
Todo esto es una triste tragedia porque muchos de ellos realmente aman al Señor y  pertenecen realmente a la Iglesia Universal de Cristo. El problema reside en que la inmensa mayoría no se toma la molestia de comprobar si lo que escuchan coincide o no con la enseñanza de la Escritura. Esto es producto de confiar ciegamente en sus maestros, un lujo que ni siquiera se permitieron los de Berea con el mismísimo apóstol Pablo (cf. Hch. 17:11). No son conscientes del grave riesgo que corren al no escudriñar la Biblia por sí mismos. Muchos no despiertan hasta que Dios les abre los ojos, en muchas ocasiones tras una mala experiencia personal. Mientras tanto, no se dan cuenta de nada.
Si este tipo de ceguera no se diera en las congregaciones, no serían los hermanos afectados los que tendrían que irse sino estos falsos líderes que han inculcado entre el resto un cristianismo distorsionado y nocivo. 
Quiero imaginar que nada de esto viene a ser la norma, pero cada vez son historias más comunes y que se están extendiendo a una velocidad alarmante a lo largo y ancho del planeta. De ahí viene la necesidad de tratar en profundidad este tema tan delicado.

Continúa en: Mis propósitos para denunciar el abuso espiritual: ayudar, despertar y exhortar. https://usatumenteparapensar.blogspot.com/2018/07/2-mis-propositos-para-denunciar-el.html



[1] Próximamente.  
[2] Fernández Garrido, Jaime. ¿99? Tu historia aún no ha terminado. Abba. Pág. 180.

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